En la mayoría de las cosas que llevan pollo (salchichas de pollo, patitas de pollo, hamburguesas de pollo, supremas de pollo, porongas de pollo, etc.) y que se venden a nivel industrial, siempre aparece un pollo re canchero y muy contento en el envase.
A mí este singular hecho me resulta sumamente macabro, morboso, irónico y horrible, porque lo cierto es que ese pollo que vemos tan feliz en el envase, en realidad tuvo una realidad que no es tan feliz: nació, lo separaron de su familia, lo encerraron en un galpón con muy poco lugar, lo sobrealimentaron, le metieron hormonas y mierdas transgénicas y unos días después lo degollaron, lo desplumaron, lo deshuesaron, procesaron su carne y lo hicieron salchicha, milanesa, o lo que carajo fuera.
Ahora quiero que venga José Granja del Sol y me responda la siguiente pregunta: ¿por qué mierda va a estar tan feliz el puto pollo después de todas esas cosas que le hacen? Dejémonos de joder hermano, la concha bien de mi tía abuela muerta.
2 comentarios:
Son todos pollitos sado-masoquistas, prolijamente seleccionados.
No lo había pensado desde esa óptica. Si eso es cierto, y me dan 5 millones de dólares, entonces cesaría mi protesta.
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