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jueves, 12 de noviembre de 2009

Deben pensar que somos todos pelotudos.

En la mayoría de las cosas que llevan pollo (salchichas de pollo, patitas de pollo, hamburguesas de pollo, supremas de pollo, porongas de pollo, etc.) y que se venden a nivel industrial, siempre aparece un pollo re canchero y muy contento en el envase.

A mí este singular hecho me resulta sumamente macabro, morboso, irónico y horrible, porque lo cierto es que ese pollo que vemos tan feliz en el envase, en realidad tuvo una realidad que no es tan feliz: nació, lo separaron de su familia, lo encerraron en un galpón con muy poco lugar, lo sobrealimentaron, le metieron hormonas y mierdas transgénicas y unos días después lo degollaron, lo desplumaron, lo deshuesaron, procesaron su carne y lo hicieron salchicha, milanesa, o lo que carajo fuera.

Ahora quiero que venga José Granja del Sol y me responda la siguiente pregunta: ¿por qué mierda va a estar tan feliz el puto pollo después de todas esas cosas que le hacen? Dejémonos de joder hermano, la concha bien de mi tía abuela muerta.



2 comentarios:

LeO dijo...

Son todos pollitos sado-masoquistas, prolijamente seleccionados.

Roger Borratint dijo...

No lo había pensado desde esa óptica. Si eso es cierto, y me dan 5 millones de dólares, entonces cesaría mi protesta.

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No sé bien para qué verga sirve esto.