Durante años hubo (y sigue habiendo) adultos que estuvieron tirando bombas y misiles en la cabeza de miles de personas inocentes.
Pero la juventud está perdida porque un adolescente tiró una botella de cerveza en la cabeza de un inocente transeúnte.
Quizás sería más conveniente dejar de rasgarse tanto las vestiduras, y empezar a rasgarse un poco más la máscara a ver si se sale un poquito.