Abalacia... un sitio destinado a la reflexión sobre asuntos de bajísima trascendencia...

jueves, 26 de agosto de 2010

No puedo removerlo de mi mente.

Quizás haciendo una entrada en el blog logre desembarazarme por unos minutos de este pensamiento que ha arribado a mi confundido cerebro.

No tengo pretensiones de originalidad, ni de que sea algo gracioso, ni nada. Simplemente me aqueja la duda y la quiero compartir.

Acá va:

¿No sería más lógico que le dijéramos "empanadas" a aquello que conocemos como "milanesas"?

O sea, vamos: la empanada no tiene pan. Mejor le cabría el nombre "Bolsa con relleno" o "Cacho de masa".

No encuentro sentido en decirle "milanesa" a la carne empanada, y empanada a la masa con carne.

Alguien tiene que hacer algo urgentemente.


lunes, 23 de agosto de 2010

Feromona X.

Con la resaca que corresponde a cualquier despertar dominical, y con el agravante de haber asistido a un casamiento, me levanto. Mi pesada humanidad demora en en dar curso a las confusas órdenes que mis neuronas, en heroica sinápsis, logran a duras penas transmitir. Inmediatamente, quizás por aplicación de algún mecanismo de defensa, sobrevienen los recuerdos de la noche anterior. La diversión, el griterío, la improcedencia en su estado más prístino. El confuso recuerdo de todos aquellos factores que se reúnen en la nebulosa realidad de una pista de baile; íntimas danzas paganas perpertradas en la oscuridad de un salón, que otorgan, asistidas por la confusión de los vapores etílicos, un aura onírica a todo el ritual.

Con una sacrificada sonrisa en mi rostro, me dirijo a la heladera, con el determinado propósito de hidratar mi maltratado organismo. Creo que la inyección de placer que recibo a cambio de esta hidratación, lo justifica todo. Pero todo.


¡¡¡¡¡HIDRATACIÓÓÓÓNNNN!!!!! --> Esto es lo que siento en mi interior cuando me hidrato por la mañana. Un esqueleto heavy metal que grita HIDRATACIÓÓÓÓNNN!!


Mientras vuelvo al lecho concubinal la observo dormir. Me regocijo con la idea de que seguramente ya no le duelan más los pies, ni se sienta sola, ni se quiera ir. En este momento todo es placer. Para los dos. De algún modo es un momento feliz. Subrepticiamente una revelación arriba a uno de los últimos subterfugios disponibles en mi conciencia. "No puede haber otra explicación que no sea esta".

Me dispongo a investigar.

Abro un sumario (como la gran mayoría de las actividades de índole administrativa que trasuntan por mi vida, este sumario es de carácter ideal, o imaginario) que pretende recabar los testimonios y opiniones de personas en similar situación: parejas que van a los casamientos de amigos del novio. Rápidamente confecciono en mi mente una lista de candidatos. Les escribo un mail donde se barajan hipótesis y teoremas. La cadena se nutre, pero poco a poco todos caen rendidos ante la incontrastabilidad de mi teoría científica.

El planteo de la hipótesis es: ¿por qué las minas siempre rompen las bolas en los casamientos?; y el objetivo de la investigación es dar con las causas de este fenómeno, para tratar de combatirlo eficientemente.

En todos los casos se trata de minas independientes, que laburan, que ganan bien, que saben resolver situaciones de todo tipo. Ningún entrevistado adujo la compañía de una mujer subnormal o ultra dependiente. Ninguno de los consultados en el sumario dudó a la hora de responder que NO a la pregunta "¿Te pone nervioso delegarle alguna tarea de índole doméstica o intelectual?" Es por eso que el misterio se profundiza. ¿Qué pasa en los casamientos?

Y agudizando un poco más el análisis: ¿qué pasa con las mujeres en los casamientos? Porque cuando el hombre va a un casamiento de una amiga o conocida de ella, generalmente no tiene ningún problema en quedarse solo bebiendo, descontrolando o filosofando con el primer extraño que se cruce en su camino.


No son pocos los interrogantes. No. Son bastantes:

- ¿Por qué siempre le duelen los pies? Y en todo caso: ¿por qué no se sacan los zapatos o eligen otros distintos antes de ir? ¿Es necesario comprarse o pedir prestado un par de zapatos cada vez que hay un casamiento? Si se ponen todas de acuerdo en dejar de zorrear y ficharse la ropa, podrían hacer como nosotros, los machos, los pragmáticos y sencillos machos, que siempre vamos vestidos exactamente igual a todos los festines de matrimonio.

- ¿Por qué mutan en niñas de 5 años cuando uno las deja solas 15 minutos para ir a descontrolar en un trencito, o cuando se cuelga charlando con otro borracho en la barra? En cualquier otro contexto está todo bien, pero si se queda sola más de 5 minutos en un casamiento, automáticamente uno pasa a ser un desconsiderado Y un hijo de puta.

- ¿Por qué piensan de repente que todas las putas mujeres del lugar nos desean con lujuria? Quizás existió eras geológicas ha, algún momento en que dos mujeres distintas, en la misma semana, se fijaron en uno y se expidieron al respecto. Y ponele que, con toda la furia, eso fue hace 10 o 12 años. Dale. No salís con Alain Delon, y lo sabés. No me favorece este razonamiento, pero vamos, subsumámonos a la realidad. A la más cruda realidad.

- ¿Por qué carajo no se quieren poner en pedo y sumarse en la joda? Acá hay que abrir un amplio paréntesis: en una situación muy parecida a un casamiento en cuanto a locación, gente, morfi y chupi; pero con la única diferencia de tratarse de una fiesta de 15: ¿por qué no ocurren estos problemas? Y eso me consta. Si es otro tipo de festejo, los problemas desaparecen. ¿¿Qué carajo pasa con los casamientos?? Fiesta de 15: todo bien. No les duele nada, se empedan, vos te podés empedar y hay gilada hasta altas horas. Casamiento: no.

- ¿Por qué podemos embriagarnos a mandíbula batiente en cualquier festín, pero en un casamiento somos instados a moderar la ingesta?

- ¿Por qué en cualquier contexto pueden hacerlo, pero en un casamiento no pueden esperar al día siguiente para desglosar sus críticas?


La única explicación lógica que se me ocurrió, fue que es culpa nuestra: segregamos una hormona, feromona o enzima particular, cuyo resultado es que la fémina, al percibirla, se vuelve ortiva e intratable. Las primeras veces que esto ocurre, puede generar problemas. Incluso en las parejas nuevas, vemos cómo por darle cabida a toda esta retahíla de reproches, la novia consigue finalmente cagarle la noche al novio. Las veces que he presenciado algo como esto, un fuerte instinto de camaradería brotó en mí, y me dieron ganas de ir con ese flaco y decirle: "Yo te entiendo macho... ya te vas a acostumbrar... así es la cosa". Obviamente que jamás lo hice porque esto hubiera generado más problemas que soluciones.

Hasta ahora no he perfeccionado las posibles soluciones aplicables al problema enfocado desde esta óptica.

La idea de ponerle un broche en la nariz tiene desventajas insalvables, a saber:

a) Le quedaría mal, por lo que probablemente ella se negaría a lucir un broche en la napia.
b) Quizás la feromona o enzima se absorve por los poros, y la excentricidad de caer a un casorio con un broche en el naso deviene injustificada y ridícula.
c) Existe la posibilidad de que la enzima la generen ellas, mediante una glándula interna. Pero en este caso habría que investigar cuál es el factor externo que la estimula. Quizás el propio instinto de competencia que surge contra aquella fémina que ya ha conseguido enganchar un macho mediante el matrimonio, les activa una glándula que la ciencia no ha descubierto, y las hace comportarse erráticamente.

Hace tiempo he aprendido a ignorar cualquier tipo de reclamos y hacer de cuenta que fui solo, pero creo que esta solución no es justa ni feliz para todos, por lo cual quiero descubrir el origen del problema, con el propósito de darle adecuado y pronto finiquito.

Creo que todos aquellos que padezcan similar infortunio en esta clase de agasajos, deben unirse a esta cruzada.



Por un mundo mejor: ¡¡¡ABALACIA DICE BASTA, LA CONCHA DE LA LORA!!!, y toma la posta para denunciar y hacerse cargo de este grave entuerto.

Escucho teoremas, hipótesis, soluciones, amenazas y demás.
Salud.
 

miércoles, 18 de agosto de 2010

Cholulo y prejuicio.

Levanteme muy temprano en la madrugada, con el firme propósito de partir sin dilaciones hacia la oficina. Luego del obligado paso por el baño, cuyo propósito central consistía en excretar la producción nocturna de orines, me dirigí raudamente a la cama, a la voz de "cinco minutitos más". El teléfono celular me despertó a las 10 y 30 de la mañana, dándome a comprender que el ser humano siempre tropieza con las mismas rocas. Me proclamé, tras la certificación y rúbrica de escribanos recibidos y matriculados en mi imaginación, el "Rey del Autoengaño". La ceremonia de coronación, el acto inaugural de mi reinado, consistió en contestar los comentarios del demandante séquito de lectores del blog, luego de lo cual procedí a remover la mugre alojada en la vajilla empleada en la cocción e ingesta de la víspera. Luego de tender la cama y acariciar un rato a la gata (que no es lo mismo que "cachetear la nutria" ni "acogotar la gallina"), me desnudé y, sin más trámite, gané la ducha.

Media hora más tarde me encontraba saliendo del edificio, con absoluta parsimonia, conforme con la temperatura, aunque disconforme con los cúmulos y estratonimbos que mi dañada visión llegaba a percibir. La lluvia, aún en estado potencial, me resulta molesta e ingrata. Siempre voy a preferir un día soleado a uno lluvioso, del mismo modo que un rastafari preferirá ir a fumar hierba en la playa antes de ir a escalar el cerro Fitz Roy con un guía que no conoce otra bebida que el powerade o el agua pura de montaña.

Llegamos aquí al centro de mi relato, al nudo marinero de toda la cuestión. Al motivo esencial por el cual decidí escribir este inigualable texto. Luego de caminar las cuadras de rigor, llegué a la parada del colectivo que me trasladaría al sudafrentes. Es caprichoso el destino, porque únicamente se cumplen sus designios cuando una serie inalterable de pequeños factores y detalles se cumplen todos y cada uno, en un momento preciso y no en otro. Explicaré por qué digo esto: con el transporte público tengo una política bien definida, que sólo en forma excepcional, por motivos taxativamente enumerados en mi propio Código de Justicia Urbana, transgredo: no me subo en colectivos que no tengan asientos disponibles. Como a esa hora el colectivo suele venir vacío, me subí de forma autómata, descontando que encontraría albergue para mis posaderas. La incauticia puede sorprendernos en cualquier rincón del mundo, a cualquier hora y por cualquier motivo. Cuando advertí que había bastannnte gente parada, ya era tarde. Me encontraba arriba de la unidad y tenía detrás mío una vieja con bastón, a la que no quería arriesgarme a decirle que se corriera y bajar (como dije, estaba muy tranquilo y no me iba a someter a una potencial disputa con una vieja indudablemente de mierda). Debo insistir: estaba, y lo sigo estando, muy tranquilo, así que la perspectiva de viajar parado no me representaba una desventaja apreciable. En especial teniendo en cuenta que el colectivo demora 12 minutos en llegar hasta la puerta de mi trabajo.

Y así fue que, la suma de todos esos factores hicieron que abordara ese colectivo y no otro. Si me hubiera levantado a la mañana, si no hubiera lavado los platos, si no hubiera contestado los comentarios, si no hubiera hecho la cama, si hubiera respetado el Código de Justicia Urbana, si hubiera corrido a esa vieja. Son tantas cosas. Y adviértase que no estoy yendo para atrás. Conozco una persona que, ante una situación traumática en la que perdió a su mejor amigo en un accidente, se compró un cuaderno en el que se dispuso a anotar todas las cosas que, de no haber ocurrido, hubiera evitado la muerte de su amigo. Es una reflexión que, además de desvelarnos, puede llevarnos por caminos peligrosos y enfermizos; igual que los que estudian los decimales del número Pi: una manga de enfermos.

Me fui por las ramas, volveré al tronco. Una vez sacado el boleto, que correspondía de uno con veinte, pero pagué $1,10 (¿por rata? No, para sembrar el caos); hecho esto, decía, avancé para buscar un lugar donde permanecer parado fuera medianamente llevadero. Y ahí lo vi: ese era Ricardo López Murphy. Mi instinto más cholulo brotó inesperadamente. Mandé un mensajito de texto a mi novia informándole de la situación, y no pude leer mi libro porque constantemente tenía ganas de saludarlo y generar una conversación que pudiera incluir la palabra "Bulldog". Ni mis maquinaciones más optimistas lograron el resultado deseado, así que no le hablé, pero sí miré a la gente que lo circundaba, y unos cuantos me devolvieron un leve cabeceo, que confirmaba que el tipo era efectivamente López Murphy.



Todo lo que podía salir mal, salió mal, así que ahora viajo en bondi.



Se bajó a los 5 minutos y dos personas se pusieron a charlar. Pensé en meterme en esa conversación, pero me pareció aburrido y berreta, porque la joda era hablarle al flaco, no ponerse a departir con una persona NO FAMOSA sobre el avistaje de un famoso. Para eso tengo amigos, novia y conocidos.

El viaje siguió normalmente y me bajé del colectivo. Aunque suelo almorzar bastante tarde, la comezón bagrística comenzó a afectarme por algún motivo que no pude determinar. Determiné entonces que pararía en una panchería. Así lo hice, y luego de engullir vorazmente aquello que en Uruguay, sin razón aparente, denominan "frankfurter", seguí camino hacia mi trabajo. Únicamente restaba parar en un antro para comprar un cable. Allí me atendió una muchacha que disparó en forma inmediata y absolutamente inevitable, un vaticinio motivado y basado, fundamentalmente, en prejuicios.

La chica vestía un short de tela de bluyín (buscá esa palabra en el diccionario de la RAE y vas a ver que existe... hoy aprendiste algo nuevo), debajo de la cual lucía unas medias negras de esas largas, que no dejan ver las piernas. En el torso tenía una camiseta de San Lorenzo, tapada por un chaleco de un color que no retuve. Los labios le brillaban por obra de algún producto de imitación barata, y mascaba chicle como un rumiante, sin el menor disimulo, como si se tratara de una adivinanza popular cuyo objeto fuera la marca y gusto del chicle que mascaba. Tenía el pelo mitad pelirrojo y mitad negro, lo cual me hizo sospechar que se había teñido hace unos meses, sin haber nunca más hecho nada al respecto. Hablaba con una voz aguda y fuerte, sin ninguna delicadeza ni decoro.

En resumidas cuentas: era ordinaria como ataúd con calcamonías. Sin embargo, y no me pregunten por qué, la consideré hermosa. Pese a todos estos "defectos formales", me parece que es una chica transparente y buena. Una persona pura. No es la primera vez que la veo, la conozco; aclaro, para los que piensen que estaba arrebatando mis conclusiones. Sin embargo, hoy cuando la vi, lo supe. No sé cómo, pero simplemente lo supe. "Hoy tenés algo de gracia, las tetas enormes y culo parado, muchos hombres seguramente te deseen y la vida te sonríe; pero es cuestión de no muchos años hasta que te embaraces incautamente, te arruines los dientes, engordes, se te caigan las tetas y el pelo se te arruine definitivamente. Y ese día quizás te mires al espejo y un toque de remordimiento te agarre por no haberte cuidado aunque sea un toque." Pensé eso. Con absoluta crueldad el pensamiento me invadió sin que pudiera hacer nada para evitarlo.

Cuando estaba afuera, pensé que en el fondo eso nos va a pasar a todos tarde o temprano, así que no se justificaba haber tenido esa reflexión. Miré toda la gente que transitaba por la calle Florida, encendí un cigarrillo y me detuve a tratar de mirarlos a todos, y de cada uno pensaba "Vos te vas a morir, vos también, todos van a morir". Pensar que hiciera lo que hiciera, yo también moriría eventualmente, me dio fuerzas para empujar la pesada puerta y entrar a la oficina para trabajar, como todos los días.

Sin embargo, casi no he trabajado desde que entré.


Salud.
 

martes, 17 de agosto de 2010

¿Por qué no se habrá matado ella? ¿Por qué no me matan a mí?

Hace algunos años tocamos el tema de el fogoneo mediático que nos enseña que la juventud está perdida.

Hoy me levanto y veo que es noticia que un imbécil, con sus imbéciles amigos, agarró un chumbo y se rajó un tiro en la cabeza.

Tiré el control contra la tele cuando vi que hablaba una conchuda (que nadie dijo quién era), con una voz insufrible, que decía varias cosas con una voz absolutamente insufrible. Como no le pude contestar, le voy a contestar en mi blog, porque sino me va a salir un forúnculo.

- "No puedo creer que el fiscal no nos haya avisado que cambiaron la carátula"
Claro, quizás sería conveniente que dijeras quién verrrrrga sos antes de que te avisen. Por otro lado, incauta absoluta, nadie tiene por qué avisarte un carajo si cambian la carátula... ¿quién te pensás que sos? ¿La Jueza? La jueza de la incauticia sos, conchuda.

- "Los amigos debían haberlo frenado, bastaba un segundo de lucidez para frenarlo, y no lo hicieron".

OJOOOOJOJOJOJOJOJOOOOOOOOOOOOOOOO!!!! Acá fue cuando tiré el control contra la tele. O sea, tu amiguito, o tu novio, o tu hermano (no lo sé, porque nunca aclararon quién sos vos); este incauto agarra un chumbo y se pega un tiro en la boina, ¿y fue culpa de los amigos porque no lo detuvieron?  jajaajajaja!! Cuánta, cuán ilimitada puede ser la incauticia a la hora de hablar eh!!

No entiendo por qué los periodistas del orto le daban tanta bola, y no le retrucaban como sí lo suelen hacer en otros casos. ¿Por qué nadie la puso en su jodido lugar? Lamentable. Yo sinceramente la hubiera garzeado sin que se diera cuenta.

Obviamente que después de eso entraron a pasar noticias de jóvenes con coma alcohólico, de las malas costumbres y del peligro social que se viene. Se ve que las noticias de las salideras bancarias (que SIEMPRE ocurrieron), o la de que hay muchos accidentes causados por colectivos (OH!! LA GRAN NOBVIEDAD) ya eran insuficientes para alarmar a la población y hacerla sentir intranquila y vulnerable.


Débora Plager: teñirte de rubio, vestirte con ropa más cara y ponerte un revoque de mezcla fina en la jeta, no me hará olvidar que estuviste en Utilísima Satelital y que siempre siempre fuiste horrible, por más que hoy en día te des aires de MILF moderna y preocupada por la sociedad. Ojalá que Dios te tenga en su gloria y te lleve consigo... pronto.


Putos de mierda, asúmanse y destrúyanse!!

Lectores: como consejo les digo que mejor salgan más a la calle y miren menos la tele.

Y este incauto que se disparó: lo siento mucho hermano, disculpá la crueladad y la frialdad, pero sos un pelotudo. Y si te dejaste disparar por tus amigos, sos más boludo aún.

Salud.

jueves, 12 de agosto de 2010

Sembrar el caos, por el caos mismo.


Soy una persona con la mente ordenada. No soy un obsesivo del orden, ni me agarra pánico cuando algún asunto no está en orden, pero me siento más cómodo cuando las cosas están en orden, más que nada en mi cabeza. Los lugares que suelo habitar están medianamente desordenados, y muy cada tanto los ordeno. Sin embargo, como soy un ser humano, necesito que la tendencia que todos tenemos al caos, se fugue por algún lado. Ser una persona ética y correcta, con ínfulas de joderle la vida lo menos posible al resto, hace que, por regla general, el ánimo de caos termine escapando por costados exóticos y, en algunos casos, hilarantes. Lo dividiré en regiones geográficas, porque se me canta... y para sembrar el caos.


CAOS: una película que jamás vi y quizás nunca vea pero que, pese a no tener un carajo que ver con esta entrada, apareció en google cuando puse "Caos".

En el trabajo:

- Muchas veces voy al dispenser de agua, agarro el vasito de más arriba, el que nadie quiere agarrar porque se ensucia antes (usté seguro mentiende LeO); y lo coloco en el último lugar, o en el segundo, o en el medio. Nadie lo sospecha. Lo hago deliberadamente, para sembrar el caos.

- Muchas veces pongo en la impresora hojas que ya están impresas. El resultado adverso para quien imprime es evidente. Lo hago deliberadamente, para sembrar el caos.


En el transporte público y privado:

- Muchas veces pido el boleto de uno con veinticinco cuando corresponde uno inferior; y muchas veces pido de uno con diez cuando corresponde superior. Lo hago deliberadamente, para sembrar el caos.

- Muchas veces me rehúso a otorgarle el asiento a una persona que claramente lo necesita, y la mando a pedir misericordia en los asientos de adelante, destinados a los "diferentes"; y muchas otras veces le entrego mi asiento a una persona muy joven y que claramente no lo necesita, o a una mujer cualquiera, por el sólo hecho de encontrar belleza en su pelo o su cara (por supuesto que nunca cedo mi asiento por cuestiones de culos y tetas ... me parece bajo e indigno). Lo hago deliberadamente, para sembrar el caos.

- Muchas veces, cuando manejo, trato de pasar primero y miro mal al incauto que pretendía pasar antes; y muchas veces dejo pasar a todos hasta que el de atrás me toca bocina, y lo miro mal a ese por desconsiderado. Lo hago deliberadamente, para sembrar el caos.


En el discurso:

- Muchas veces me pongo en contra de alguien con el propósito inequívoco de generar una discusión, aún cuando puedo entender y estar perfectamente de acuerdo con lo que la otra persona está diciendo. Lo hago deliberadamente, para sembrar el caos.

- Muchas veces digo la verdad absoluta sobre lo que hice a gente que, por resultar ajeno a su realidad y comprensión, piensa que es un chiste y ríe. Y yo río con ellos, pero por dentro pienso: "acabo de sembrar el caos". El otro día una señora muy paqueta que es dueña de una parte de la empresa más o menos, me preguntó qué me había pasado en el labio. Le dije que me había quemado tratando de fumar un cacho de porro de marihuana, lo cual era la pura verdad. Nos reímos. Muchas veces mi vieja me preguntaba a dónde iba y yo le contestaba "Me voy a drogar a la plaza". Era totalmente cierto. Lo hago deliberadamente, para sembrar el caos.


- PERIODISTA PAGADO POR MÍ: ¿Usted qué opina, doctor?
- MÉDICO INCAUTO: Advertimos que a este individuo no se le ocurren ejemplos que no estén vinculados con la droga. Claramente se trata de un caso de fármacodependiente irrecuperable. Mi diagnóstico es que lo dejen en paz y no le rompan los huevos.
- PERIODISTA TRAICIONÁNDOME: Usted es un muy mal doctor, pero me agrada su actitud.



En la vía pública:

- Muchas veces, cuando viene una persona caminando de frente, hacia mí, hago como que me quiero correr para dejarla pasar, pero en realidad me corro para taparlo. A esta práctica la llamo "La Tapadita". Y la hago deliberadamente, para sembrar el caos.


En el ámbito doméstico:

- Muchas veces dejo la tapa del inodoro levantada, aún cuando sé que el arreglo es que quede abajo.Cuando soy interrogado al respecto, niego tener relación con lo acontecido. Lo hago deliberadamente, para sembrar el caos.

- Muchas veces atiendo los llamados de vendedores y les digo que me interesa, que me cuenten más, y dejo el teléfono ahí, continuando con mi actividad. Cuando vuelvo a pasar por donde está el teléfono, cuelgo. Lo hago deliberadamente, para sembrar el caos.


En el avión:
- Una sola vez pedí un café con leche con galletitas. Piqué las galletitas y las tiré adentro del café con leche. Esa mezcla la tiré disimuladamente dentro de la bolsita destinada a contener el vómito de algún pasajero mareado. Acto seguido hice ruidos imitando a aquel que vomita, quien generalmente hace sonidos similares a las palabras "Buda" y "Hugo". Una vez que toda la atención y las miradas se posaban sobre mí, tomé la bolsa y devolví el contenido a la taza. Ante la mirada atónita de pasajeros y tripulación, bebí el contenido con una sonrisa en la cara. Lo hice deliberadamente, para incomodar a mi novia... y para sembrar el caos.

Si lo piensan, lectores, también encontrarán situaciones en las que ustedes mismos realizan conductas con el objeto de sembrar el caos. El bello caos.

Saludos a ustedes, lectores que han sido mencionados en el párrafo anterior.

jueves, 5 de agosto de 2010

Consulta rápida.

Ya he destilado el correspondiente desprecio contra los refraneros acá.

Cuando una persona, generalmente despojada de todo indicio de facultad o terciario mental, manifiesta: "EH! SE JUNTARON EL HAMBRE Y LAS GANAS DE COMER":

¿A qué carajo se está refiriendo?
¿A que se juntaron dos sinónimos?
¿A que dos mellizos se unieron con algún propósito?
En serio: ¿qué carajo quiere decir con todo eso?

Si el hambre y las ganas de comer son exactamente la misma cosa, o al menos una es consecuencia de la otra, si nos ponemos a hilar fino.

¿Y si yo digo que se juntaron la mierda y las ganas de cagar? ¿Y si digo que se juntaron la erección y las ganas de garchar? ¿Qué pasa? ¿Soy un maleducado? ¿Está mal que diga esas cosas? ¿Tengo que decir que se juntaron el hambre y las ganas de comer? ¿Rambito y Rambón? ¿Eh? ¿Eso tengo que decir? ¿Tengo que decir "hablando de Roma" cada vez que viene una persona de la que estoy hablando? ¿Tengo que decir que estoy hablando de Roma aunque esa persona no se llame así? ¿Por qué? ¿Y si no quiero? ¿Y si antes que eso prefiero perforarte un dedo con un destornillados tipo parker?

Generalmente este nefasto refrán se usa en círculos de pelotudos cuando dos personas que comparten alguna travesura, vivencia, anécdota, o alguna característica saliente, se juntan. Por supuesto que quien lo dice es blanco inmediato del más profundo y silencioso de mis desprecios.


Así quedó la última conchuda que dijo este refrán delante mío.
Y le tuve compasión porque es mi vieja.


Hoy en el ascensor una persona de mi trabajo, que casualmente era mi jefe, pretendió gastarme una broma frente a otras personas que habitaban el ascensor, y que pertenecían al glorioso sexo femenino. Como tengo la barba sin afeitar hace 19 décadas (1,9 siglos), naturalmente queda muy desprolija, se enrula y a veces se caen pelos que viven un tiempo en la solapa de mi saco. Lo que podríamos llamar "un impresentable hijo de mil putas". La cuestión es que esta persona destacó esta circunstancia y me dijo "Oh!, he aquí un pelo enrulado en tu solapa... desconozco qué será lo que anduviste haciendo". Muy alegremente le contesté que la presencia de dicho pelo en la solapa, se debía a que "me estuve rascando las bolas con los dientes". Todas las desconocidas que habitaban el ascensor rieron y ahí yo me ruboricé con justa causa. Por supuesto que luego me pidieron autógrafos, números de teléfono y sexo grupal, pero como buen caballero que soy, les dije a una por una que se fueran a cagar a la fonda, que yo con androides no acostumbraba garchar. Una amagó un rodillazo a mis testículos, pero al advertir que son de titanio, decidió proteger la integridad de su rótula.

Lamentablemente olvidé a qué venía todo este episodio. Quizás simplemente quería comentarlo porque me pareció graciosa la ocurrencia. Como todos ustedes sabrán, es casi imposible rascarse las pelotas con los dientes.

Bueno señores, se han juntado el alcoholismo y las ganas de chupar, así que es momento de levantar mi corporativo ortën de este corporativo escritorio, ganar la calle hacia el primer supermercado abierto e increpar a la koreana para que me entregue la birra más helada que jamás haya entregado.

Con fingida cordialidad, los saludo hasta la próxima!! Ah, y si tienen tiempo y ganas, no olviden irse un toque a cagar! Es sano.

Salud.

lunes, 2 de agosto de 2010

A ver quién me explica esta.

Estuve viendo muchas películas de superhéroes, y viendo sus historias y sus tramas. Incluso vi la película de un superhéroes argento, llamado Zenitram, que se convierte cuando toma con la mano sus genitales y los sacude. Advertí que, a fin de cuentas, los superhéroes son todos egocéntricos, inseguros e imbéciles. Los villanos siempre son mucho más inteligentes, pero no tienen buena suerte ni guiones que los favorezcan.

Me quedó una pregunta rebotando entre los vacíos intersticios de mi balero: ¿por qué todos los superhéroes se ocupan de resolver crímenes aislados y específicos, y no atacan el origen de la delincuencia, probablemente generado en circunstancias ajenas al hecho delictual en sí mismo? Siempre dije que si tuviera poderes como superman ponele, además de vestirme diferente, iría a los lugares donde está el poder, el poder posta, y los amenazaría a todos para que dejen de afanar y de tomar decisiones que los beneficien y perpetúen.

Esos nefastos superhéroes son unos cagones chupamedias que sólo quieren quedar bien tapando la mierda que destila un sistema corrupto e injusto. Y además laburan en una sola ciudad, son localistas, segregacionistas y discriminativos.

Ahí tienen una buena idea para una película, productores de Hollyood caretas. Queremos un superhéroe que sea presidente, tome decisiones populares para que todos deban esforzarse para el bien común. Y que cuando alguno se haga el loco o quiera hacer negocios turbios: VIOLENCIA EXTREMA.

Si llego a ver un cómic que hable de esto, consideraré que me lo afanaron.

Salud.

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No sé bien para qué verga sirve esto.