Arizmendi se levantó en la cama de una guardia ignota, donde al rato arribó la mujer esta, la más linda del mundo (aunque los enamorados siempre tienden a mitificar y exagerar todo, esta fémina era realmente muy linda, no lo voy a negar... dejando de lado toda distinción: tenía un tajaheces casi imposible de no relojear) que, conmovida (y seducida) por la galantería de Arizmendi, lo había acompañado para ver cómo estaba. Ese mismo día le dieron el alta a Arizmendi y comenzó con la Dra. Raimundi, apellido que acabo de inventar, un bello romance y un fructífero concubinato. Como todas las cosas de esta vida, el tiempo la fue pudriendo, y hace menos de dos años se pelearon y dividieron sus bienes. Ella salió ganando porque se quedó con todos los electrodomésticos que Arizmendi había comprado, con excepción del plasma que nuestro héroe se había ganado en un sorteo.
Fin del tema Arizmendi. Fue un experimento bastante fallido este de las historias románticas. En especial porque conté el crudo final. Porque las películas románticas terminan bien, pero en la vida esas cosas generalmente no pasan, porque la película termina, y la vida sigue. La vida es muy complicada. El arte está quizás en hacer que las cosas sean un poco más simples.
Esa última frase no tenía mucho que ver, pero la tiré porque quería vincular el anterior texto con lo que quería decir a continuación. Quería hablar de arte. El arte, una palabra muy abarcativa, abierta a las más disímiles interpretaciones. En algunos casos, no queda mucho lugar a la discusión. Si yo te muestro, por ejemplo:
, vos me podés decir que no te gusta, o que no te llega, ponele; pero difícilmente venga alguien a decir que eso no es arte. Incluso el toque de humor que le pone sobre el final es una obra de arte en sí misma.
Pero cuando yo veo esto:
Acá generalmente uno mea.
Lo primero que pienso es: "Esto es una pelela para mear". Sin embargo, hubo 500 especialistas que dijeron que esa fuente receptora de toxinas, era la pieza de arte más influyente del siglo. ¿Te cuesta creerlo? Te doy una mano: metete acá
El límite entre lo que es arte y lo que no lo es, es claramente subjetivo, y como pasa con todas las cosas sujetas a opinión, la gente se agrupa con la gente que opina como ella, y defiende su postura. Su insignificante postura.
Después viene gente como Marta Minujín, cultora de lo que se conoce como arte efímero. Eso quiere decir que, por ejemplo, yo podría agarrar el auto, ir a Dolores y comerme un costillar con fritas y dos damajuanas de tinto, luego dormir una siesta, macerar todo en mi sistema digestivo, enchufar un amplificador a 2 millones de wats, meterme un micrófono en el orto y tirarme un pedo mefistofélico; a la voz de "ARRRRRRRRRRRRTE". Muchos me aplaudirían y lo tomarían como un hecho artístico, y muchos otros me denunciarían por ser un ordinario y un hijo de puta.
Así se va creando lo que llamaremos "El Entorno", que para ser más literal debería llamarse "El Entongo". El entorno que circunda a un artista se divide en tres tipos de persona:
1) El tipo culto y reflexivo, que en su interior entiende una obra cualquiera es artística, y sabe perfectamente los motivos que fundamentan su opinión. Esta gente generalmente no se mete en disputas sin sentido, y valora la obra por lo que intrínsecamente le representa. La profundidad y la agudeza del criterio de estos individuos, puede eventualmente convertirse en pedantería. Estas personas también son muy demandantes con el artista, a quien le exigen constantemente que respete los parámetros y los lineamientos de su expresión. Es natural que ocurra esto, pero los resultados suelen ser nefastos. Si un músico de rock decide explorar otros ámbitos de la música, o poner su cara para una publicidad de una revista, esta gente se enojará mucho, y dirá que es un vendido o un traidor. Sólo bancan al artista en la medida en que haga lo que a ellos les gusta. Si el artista quiere hacer otra cosa, será víctima de insidiosas diatribas por parte de sus heridos fanáticos. Es cuando la admiración se convierte en fanatismo, el fanatismo en devoción, y la devoción en falta de respeto e invasión de la vida privada ajena. Si yo fuera artista no tendría ningún problema en mandarlos a todos a cagar, a ver si ponen un poquito en orden sus obsesiones.
2) El mocasín que no caza una, pero que por motivos sociales trata de involucrarse con artistas, para quedar bien. Esta es la misma escoria que sigue todas las modas, y que se esfuerza por pertenecer a esa pomada que ellos llaman "Vanguardia". Suelen ser rentistas o terratenientes herederos de grandes fortunas, con pocas ideas y mucho tiempo libre. Van con la corriente, y son muy hábiles para aprender y copiar las opiniones de los que realmente saben. En la mayoría de los casos ellos mismos compran su propio embuste, y se consideran gente culta y de gran vuelo intelectual. Ponen mucha guita y empeño en la actividad, ya sea para comprar piezas de arte, o para fomentar el desarrollo de los artistas. Es muy difícil diferenciar a un pelafustán del grupo 1) de una persona del grupo 2).
3) El pillo al que el arte poco le importa, pero se da cuenta de que, existiendo tanta gilada en torno al mismo, él puede meter la nariz y sacar tajada. A ellos no les importa si tal o cual pieza es una obra de arte. Ellos detectan enseguida para qué lado va la corriente, y cual fenicios ávidos de dividendos, compran piezas o derechos de obras que consideran que luego podrán vender más caras. Conocen con detalle los yeites y movimientos de la rama del arte donde metan la nariz, y son los que se terminan llevando la guita a costa de todos los demás. En la música son las compañías discográficas, en la literatura son las editoriales, y así. Sin perjuicio de que los artistas los consideran como una manga de parásitos inescrupulosos que se venden al mejor postor, ellos aseguran que son propagadores de la expresión artística, y creen que le hacen un bien al arte.
Es decir que cuando uno se dedica al arte, es casi seguro que tendrá que lidiar con "El Entorno". Es dura la vida del artista, aunque no tanto como la del minero que labura 12 horas por día a 200 metros bajo tierra, por un salario misérrimo que le permite afrontar los gastos de cantina, necesarios para paliar con etiles los duros padecimientos de la vida cotidiana.
Viene al caso citar un muy elocuente posteo de este blog: http://another-fuckin-cliche.blogspot.com/, en el que se habla del arte sin tapujos. No dejo el link exacto porque quiero fomentar el arte de buscar los posts por sus propios medios. Alguno de los co-autores quizás se la juegue y nos dé una mano en los comentarios.
Que sigan bien, si es que están bien, claro.
Salud.
