Con la resaca que corresponde a cualquier despertar dominical, y con el agravante de haber asistido a un casamiento, me levanto. Mi pesada humanidad demora en en dar curso a las confusas órdenes que mis neuronas, en heroica sinápsis, logran a duras penas transmitir. Inmediatamente, quizás por aplicación de algún mecanismo de defensa, sobrevienen los recuerdos de la noche anterior. La diversión, el griterío, la improcedencia en su estado más prístino. El confuso recuerdo de todos aquellos factores que se reúnen en la nebulosa realidad de una pista de baile; íntimas danzas paganas perpertradas en la oscuridad de un salón, que otorgan, asistidas por la confusión de los vapores etílicos, un aura onírica a todo el ritual.
Con una sacrificada sonrisa en mi rostro, me dirijo a la heladera, con el determinado propósito de hidratar mi maltratado organismo. Creo que la inyección de placer que recibo a cambio de esta hidratación, lo justifica todo. Pero todo.
Con una sacrificada sonrisa en mi rostro, me dirijo a la heladera, con el determinado propósito de hidratar mi maltratado organismo. Creo que la inyección de placer que recibo a cambio de esta hidratación, lo justifica todo. Pero todo.
¡¡¡¡¡HIDRATACIÓÓÓÓNNNN!!!!! --> Esto es lo que siento en mi interior cuando me hidrato por la mañana. Un esqueleto heavy metal que grita HIDRATACIÓÓÓÓNNN!!
Mientras vuelvo al lecho concubinal la observo dormir. Me regocijo con la idea de que seguramente ya no le duelan más los pies, ni se sienta sola, ni se quiera ir. En este momento todo es placer. Para los dos. De algún modo es un momento feliz. Subrepticiamente una revelación arriba a uno de los últimos subterfugios disponibles en mi conciencia. "No puede haber otra explicación que no sea esta".
Me dispongo a investigar.
Abro un sumario (como la gran mayoría de las actividades de índole administrativa que trasuntan por mi vida, este sumario es de carácter ideal, o imaginario) que pretende recabar los testimonios y opiniones de personas en similar situación: parejas que van a los casamientos de amigos del novio. Rápidamente confecciono en mi mente una lista de candidatos. Les escribo un mail donde se barajan hipótesis y teoremas. La cadena se nutre, pero poco a poco todos caen rendidos ante la incontrastabilidad de mi teoría científica.
El planteo de la hipótesis es: ¿por qué las minas siempre rompen las bolas en los casamientos?; y el objetivo de la investigación es dar con las causas de este fenómeno, para tratar de combatirlo eficientemente.
En todos los casos se trata de minas independientes, que laburan, que ganan bien, que saben resolver situaciones de todo tipo. Ningún entrevistado adujo la compañía de una mujer subnormal o ultra dependiente. Ninguno de los consultados en el sumario dudó a la hora de responder que NO a la pregunta "¿Te pone nervioso delegarle alguna tarea de índole doméstica o intelectual?" Es por eso que el misterio se profundiza. ¿Qué pasa en los casamientos?
Y agudizando un poco más el análisis: ¿qué pasa con las mujeres en los casamientos? Porque cuando el hombre va a un casamiento de una amiga o conocida de ella, generalmente no tiene ningún problema en quedarse solo bebiendo, descontrolando o filosofando con el primer extraño que se cruce en su camino.
No son pocos los interrogantes. No. Son bastantes:
- ¿Por qué siempre le duelen los pies? Y en todo caso: ¿por qué no se sacan los zapatos o eligen otros distintos antes de ir? ¿Es necesario comprarse o pedir prestado un par de zapatos cada vez que hay un casamiento? Si se ponen todas de acuerdo en dejar de zorrear y ficharse la ropa, podrían hacer como nosotros, los machos, los pragmáticos y sencillos machos, que siempre vamos vestidos exactamente igual a todos los festines de matrimonio.
- ¿Por qué mutan en niñas de 5 años cuando uno las deja solas 15 minutos para ir a descontrolar en un trencito, o cuando se cuelga charlando con otro borracho en la barra? En cualquier otro contexto está todo bien, pero si se queda sola más de 5 minutos en un casamiento, automáticamente uno pasa a ser un desconsiderado Y un hijo de puta.
- ¿Por qué piensan de repente que todas las putas mujeres del lugar nos desean con lujuria? Quizás existió eras geológicas ha, algún momento en que dos mujeres distintas, en la misma semana, se fijaron en uno y se expidieron al respecto. Y ponele que, con toda la furia, eso fue hace 10 o 12 años. Dale. No salís con Alain Delon, y lo sabés. No me favorece este razonamiento, pero vamos, subsumámonos a la realidad. A la más cruda realidad.
- ¿Por qué carajo no se quieren poner en pedo y sumarse en la joda? Acá hay que abrir un amplio paréntesis: en una situación muy parecida a un casamiento en cuanto a locación, gente, morfi y chupi; pero con la única diferencia de tratarse de una fiesta de 15: ¿por qué no ocurren estos problemas? Y eso me consta. Si es otro tipo de festejo, los problemas desaparecen. ¿¿Qué carajo pasa con los casamientos?? Fiesta de 15: todo bien. No les duele nada, se empedan, vos te podés empedar y hay gilada hasta altas horas. Casamiento: no.
- ¿Por qué podemos embriagarnos a mandíbula batiente en cualquier festín, pero en un casamiento somos instados a moderar la ingesta?
- ¿Por qué en cualquier contexto pueden hacerlo, pero en un casamiento no pueden esperar al día siguiente para desglosar sus críticas?
La única explicación lógica que se me ocurrió, fue que es culpa nuestra: segregamos una hormona, feromona o enzima particular, cuyo resultado es que la fémina, al percibirla, se vuelve ortiva e intratable. Las primeras veces que esto ocurre, puede generar problemas. Incluso en las parejas nuevas, vemos cómo por darle cabida a toda esta retahíla de reproches, la novia consigue finalmente cagarle la noche al novio. Las veces que he presenciado algo como esto, un fuerte instinto de camaradería brotó en mí, y me dieron ganas de ir con ese flaco y decirle: "Yo te entiendo macho... ya te vas a acostumbrar... así es la cosa". Obviamente que jamás lo hice porque esto hubiera generado más problemas que soluciones.
Hasta ahora no he perfeccionado las posibles soluciones aplicables al problema enfocado desde esta óptica.
La idea de ponerle un broche en la nariz tiene desventajas insalvables, a saber:
a) Le quedaría mal, por lo que probablemente ella se negaría a lucir un broche en la napia.
b) Quizás la feromona o enzima se absorve por los poros, y la excentricidad de caer a un casorio con un broche en el naso deviene injustificada y ridícula.
c) Existe la posibilidad de que la enzima la generen ellas, mediante una glándula interna. Pero en este caso habría que investigar cuál es el factor externo que la estimula. Quizás el propio instinto de competencia que surge contra aquella fémina que ya ha conseguido enganchar un macho mediante el matrimonio, les activa una glándula que la ciencia no ha descubierto, y las hace comportarse erráticamente.
Hace tiempo he aprendido a ignorar cualquier tipo de reclamos y hacer de cuenta que fui solo, pero creo que esta solución no es justa ni feliz para todos, por lo cual quiero descubrir el origen del problema, con el propósito de darle adecuado y pronto finiquito.
Creo que todos aquellos que padezcan similar infortunio en esta clase de agasajos, deben unirse a esta cruzada.
Por un mundo mejor: ¡¡¡ABALACIA DICE BASTA, LA CONCHA DE LA LORA!!!, y toma la posta para denunciar y hacerse cargo de este grave entuerto.
Escucho teoremas, hipótesis, soluciones, amenazas y demás.
Salud.

