Abalacia... un sitio destinado a la reflexión sobre asuntos de bajísima trascendencia...

jueves, 2 de septiembre de 2010

Autosuperación.

Esta semana he superado tres asuntos en los que me hallaba estanco hacía unos cuantos años. Dos de ellos ocurrieron en el plano onírico.

Los logros que pretendo relatar, vinculados con el plano onírico, consisten en la superación de dos situaciones que venían ocurriendo en sueños recurrentes.

La primera la titularemos "La destrucción de la voluta". Sueño con relativa frecuencia que, mientras me hallo fumando, exhalo de tal modo de crear lo que se conoce como una voluta de humo. Esa voluta adquiere una redondez absoluta, indiscutible. Casi podría decirse que se trata de una cosa sólida. Como es natural en cualquier voluta de humo, al cabo de unos segundos, la misma debe ser destruida. Si el viento no ayuda, pues uno simplemente sopla o atraviesa una mano, y la voluta se desvanece en forma inmediata. Bueno, en mi sueño recurrente, esto no ocurre. La voluta se mantiene incólume, deviniendo imposible cualquier intento que tienda a su destrucción. La perplejidad inicial que este fenómeno genera, no tarda en convertirse, vaya uno a saber por qué, en una profunda angustia. Suelo demorar bastante tiempo en advertir que se trata de un sueño, y cuando lo advierto, la angustia se profundiza, y me despierto confundido y de mal talante. Esta semana, en medio del sueño, arrojé al aire la voluta, la miré y comprendí que podía tratarse de una de esas volutas indestructibles. Sin embargo, en el momento en que pasé mi brazo para destruirla, la voluta se destruyó. Y eso me reconfortó. Bien.

La segunda la titularemos "la musicalización de los sueños". Con marcada frecuencia suelo tener un sueño consistente en que me hallo en algún lugar, que varía según el sueño (muchas veces fueron palacios, otras veces casas de música, otras veces simplemente lugares públicos o bares), en el que hay un piano. El sonido del piano, en la vida real, en la más contundente vigilia, es una cosa que me produce una serie de sensaciones de casi imposible explicación. En los sueños, me acerco a estos pianos con el definido propósito de extraer de ellos bellas melodías, pero siempre hay algún problema con el instrumento. Un problema flashero. Muchas veces las teclas son demasiado anchas. Es como sentarse frente a un piano en el que cada tecla tenga el grosor de 4 teclas juntas de un piano regular. Tocar en estas condiciones se vuelve especialmente complejo, primero porque yo no sé tocar el piano, y segundo porque con estas teclas tan gordas, es imposible formar un acorde o hacer sonar una escala, porque la longitud de los dedos, que en el sueño se mantiene inalterable, no lo permite. Muchas veces el piano no martilla, o las teclas son muy cortitas. En otras ocasiones, no hay manera de distinguir las teclas negras de las blancas, lo que hace que todo sea muy confuso y complejo, porque uno debe recordar con la memoria pura (es decir, sin ayuda de la visual) el orden de las teclas. Es como cuando uno se acostumbra a usar la agenda del teléfono, y de golpe tiene que recobrar el número de la propia memoria. Considero que este ejemplo es bastante choto. Piensen... algo para lo que no tienen entrenada la memoria, porque siempre alguna guía visual los orienta exitosamente. De golpe esa guía visual desaparece, y tienen que sacar toda la información del cerebro, el cual no está entrenado para evocarla de este modo. Las rayas que delimitan los carriles se me ocurre. ¿Por dónde vas si no está pintada la raya? Más o menos dependés de tu intuición, y te das cuenta de que quizás estés haciendo bien las cosas simplemente porque no chocás. Bueno, suficiente ¿no? La cuestión es que esta semana me hallaba soñando que estaba en un lugar amplio, techado y lleno de pianos. Quizás fuera una fábrica de pianos, no lo sé. Encaré algunos pianos, y todos tenían alguna malformación. Harto de que esto ocurriera, cerré los ojos y me puse a tocar el piano onda Ray Charles o Stevie Wonder, gente con capacidades visuales y cromáticas diferentes, mejor conocidos como negros ciegos del carajo. Empezaron a brotar algunos ruidos hasta que, en algún momento, sin advertir conscientemente que era yo el responsable de su ejecución, empezó a brotar esta música:




El video apesta. La música me gusta.


Cuando abrí los ojos había gente a mí alrededor deleitándose, al igual que yo, con la música. No importaba ya los defectos del piano, y tampoco importaba quién era el que lo estaba ejecutando. Todos estábamos disfrutando de la música que había en el sueño. La música lo dominó todo, todas las cosas del sueño cambiaron en función de esa sencilla pero emotiva melodía. Me desperté cansado y contento, como cuando uno realiza a lo largo de mucho tiempo un arduo esfuerzo intelectual. Incluso como cuando uno hace deporte, que se siente cansado pero muy bien. Encaré la ducha con una fuerte sensación de paz. Lo que había estado buscando a lo largo de tanto tiempo finalmente llegó, de la nada, sin que pudiera comprender los motivos por los cuales finalmente logré la esperada musicalización. Nunca había escuchado música en mis sueños. Lo recomiendo.

La tercera superación es de orden cotidiano, urbano y superfluo. Hoy salí de la casa de mis padres, llevándome conmigo un paraguas que estaba por ahí. Mi padre aconsejó fervientemente que lo tomara, y lo hice pero no sin desligarme previamente de cualquier tipo de responsabilidad por su pérdida. Pierdo paraguas, soy ese tipo de persona. En algún momento de mi vida determiné que, peor que no tener paraguas, era tenerlo y perderlo. La lluvia se vuelve humillante cuando uno sabe que, si no se hubiera olvidado el paraguas en ese bondi, se hallaría al anhelado reparo. Debo haber perdido más de 10 paraguas a lo largo de mi vida, fácil. Un buen día decidí no volver a usar paraguas. Esta decisión, el mal menor, también acarreó, como es lógico, muchos disgustos a lo largo de la misma vida que mencionara tres oraciones antes: la mía. Hoy salí con el paraguas y se sintió bien. Ver que llovía y yo no me estaba mojando me puso de buen humor. Buen humor en un día de lluvia, la gloria. "Si lo perdiera, todo esto no tendría ningún sentido, y el garrón de perderlo cagaría este momento y profundizaría el mal humor", pensé. Como solución, ensayé que lo mejor sería no perderlo. Nunca más en la vida tengo que perderlo. Es muy moderada la narcolepsia que me aqueja en comparación con lo que era hace algunos años. Recordé el hilarante incidente de aquel día en que me dormí en la oficina de mi jefe (siempre que pienso en la narcolepsia asocio todo a ese incidente), y luego recordé varias pérdidas de paraguas. Despertarme pasadísimo de parada, salir corriendo, convencer al chofer de que me abra YA MISMO la puerta, bajar, sentir el agua, mirar al cielo, vencer la confusión, manotear el paraguas, advertir que no está, ver el bondi alejarse, lanzar una maldición al aire (recordé una hilarante que fue "la madre del torero") y refunfuñar ante la humillación.

Así, mientras promediaba el excelso cuento de Bioy Casares titulado "El Héroe de las Mujeres" (recomiendo fervientemente tanto el autor como el cuento), lo decidí:

Me voy a comprar un paraguas. Y no uno de esos de 15 mangos que venden en la calle. No, voy a ir a un local y voy a pedir un paraguas copado y de buena calidad, y voy a pagar lo que cueste. Y no lo voy a perder. Creo que estoy preparado para esto. Me tengo mucha fe.
 
Salud.
 

jueves, 26 de agosto de 2010

No puedo removerlo de mi mente.

Quizás haciendo una entrada en el blog logre desembarazarme por unos minutos de este pensamiento que ha arribado a mi confundido cerebro.

No tengo pretensiones de originalidad, ni de que sea algo gracioso, ni nada. Simplemente me aqueja la duda y la quiero compartir.

Acá va:

¿No sería más lógico que le dijéramos "empanadas" a aquello que conocemos como "milanesas"?

O sea, vamos: la empanada no tiene pan. Mejor le cabría el nombre "Bolsa con relleno" o "Cacho de masa".

No encuentro sentido en decirle "milanesa" a la carne empanada, y empanada a la masa con carne.

Alguien tiene que hacer algo urgentemente.


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No sé bien para qué verga sirve esto.