Abalacia... un sitio destinado a la reflexión sobre asuntos de bajísima trascendencia...

jueves, 12 de noviembre de 2009

Deben pensar que somos todos pelotudos.

En la mayoría de las cosas que llevan pollo (salchichas de pollo, patitas de pollo, hamburguesas de pollo, supremas de pollo, porongas de pollo, etc.) y que se venden a nivel industrial, siempre aparece un pollo re canchero y muy contento en el envase.

A mí este singular hecho me resulta sumamente macabro, morboso, irónico y horrible, porque lo cierto es que ese pollo que vemos tan feliz en el envase, en realidad tuvo una realidad que no es tan feliz: nació, lo separaron de su familia, lo encerraron en un galpón con muy poco lugar, lo sobrealimentaron, le metieron hormonas y mierdas transgénicas y unos días después lo degollaron, lo desplumaron, lo deshuesaron, procesaron su carne y lo hicieron salchicha, milanesa, o lo que carajo fuera.

Ahora quiero que venga José Granja del Sol y me responda la siguiente pregunta: ¿por qué mierda va a estar tan feliz el puto pollo después de todas esas cosas que le hacen? Dejémonos de joder hermano, la concha bien de mi tía abuela muerta.



No lo digo sólo yo.

"...Y los racionalistas que no caen en la rabia antiteológica se empeñan en convencer al hombre de que hay motivos para vivir y hay consuelo de haber nacido, aunque haya de llegar un tiempo, al cabo de más o menos decenas, centenas o millones de siglos, en que toda conciencia humana haya desaparecido. Y estos motivos de vivir y obrar, esto que algunos llaman humanismo, son la maravilla de la oquedad afectiva y emocional del racionalismo y de su estupenda hipocresía, empeñada en sacrificar la sinceridad a la veracidad, y en no confesar que la razón es una potencia desconsoladora y disolvente. ¿He de volver a repetir lo que ya he dicho sobre todo eso de fraguar cultura, de progresar, de realizar el bien, la verdad y la belleza, de traer la justicia a la Tierra, de hacer mejor la vida para los que nos sucedan, de servir a no sé qué destino, sin preocuparnos del fin último de cada uno de nosotros? ¿He de volver a hablaros de la suprema vaciedad de la cultura, de la ciencia, del arte, del bien, de la verdad, de la belleza, de la justicia…, de todas estas hermosas concepciones, si al fin y al cabo, dentro de cuatro días o dentro de cuatro millones de siglos –que para el caso es igual–, no ha de existir conciencia humana que reciba la cultura, la ciencia, el arte, el bien, la verdad, la belleza, la justicia y todo lo demás así? Muchas y muy variadas son las invenciones racionalistas –más o menos racionales– con que desde los tiempos de epicúreos y estoicos se ha tratado de buscar en la verdad racional consuelo y de convencer a los hombres, aunque los que de ello trataran no estuviesen en sí mismos convencidos, de que hay motivos de obrar y alicientes de vivir, aun estando la conciencia humana destinada a desaparecer un día..." Miguel de Unamuno - Del Sentimiento trágico de la vida - Ed. Losada.

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No sé bien para qué verga sirve esto.