Una vez más me aburrí de trabajar, y habiendo agotado todas las formas de no dormirme frente a la mirada sedienta de boludeo de los demás, vine a escribir acá.
Una vez más no tengo nada para decir. Quizás piensen que soy un tipo que dice las cosas en el momento, que va al frente, que no se traga nada y que lo que piensa lo dice con suma convicción en el momento indicado; y que por eso cuando vengo a escribir acá (o a cualquier otro lado) no tengo nada para decir.
Señores, no podrían estar más equivocados. Manejo el tan bien conocido perfil del tipo que termina la discusión, enfila para la casa, y recién en la mitad del recorrido del bondi golpea el puño contra la ventana y piensa "Tendría que haberle dicho que después de culearse a mi ex-novia no podía enojarse por no pagarle $8,40 que me prestó la semana pasada".
El problema acá no es el momento en que se expresan las ideas. El eterno problema de este blog es, y probablemente siempre sea, la falta de ideas, de creatividad, de gracia y de carisma. Sin emabrgo, de lo único que no pueden acusarme, es de no ponerle ganas al blog.
Mentira... sí pueden acusarme de eso porque no le pongo ni un poco de empeño.
La historia de este posteo, sin embargo, es otra:
Estaba leyendo el blog de Liniers (que contrariamente a este tiene muchos visitantes, comentadores y, en especial, BUENAS IDEAS) y metí un bocado ahí en el sector donde se pueden meter comentarios. Luego volví a revisarlo y hallé que una persona me había contestado diciendo que mi blog era una poronga. En un principio pensé que se referiría a otra persona (aún mantengo en la baraja esta posibilidad), pero luego recordé que yo TENGO BLOG. En ese momento decidí darle una visita a ver si ya me lo habían clausurado, pero me encontré con un comentario. Es decir que mi única entrada había sido no sólo leída, sino también comentada.
MOMENTO DE APABULLANTE EXCITACIÓN.
Tardé unos segundos en abrirlo. Alguien me había hablado. No me importaba si era un insulto. No esperaba nada más que un insulto en realidad. Pero no, lejos de ser un insulto, era una persona que decía que me bancaba.
¡¡GLORIA ETERNA!!
Esta circunstancia, si bien no trajo ninguna idea a mi mente, por lo menos me motivó a hacer una segunda entrada.
Yo creo que con el tiempo alguna idea voy a tener, pero quizás a la hora de ponerla en mi visitadísimo blog, se me olvide, o no sepa cómo escribirla. Mientras tanto, dudo que vuelva a recibir comentarios, aunque después del indiscutible éxito del anterior posteo, me tengo un poco más de fe. Eso sí, nunca ningún comentario será tan gratificante como el primer comentario. Aguante.
Quiero poner una foto y no puedo, la concha de la lora.
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